“¿Qué hay dentro de ti que hace que no salga el talento de tus alumnos?” 

Hace unos días tuve la suerte de poder asistir a una mesa redonda y a unas conferencias organizadas por  FSIE Madrid y Fundación Promete en las que, las personas que se dirigieron a los asistentes, despertaron en mí algo que estaba un poco dormido. Fueron muchas las palabras y las ideas que recogí y que he ido haciendo mías mientras analizo lo que hago en mis clases, cómo me relaciono con mis compañeros y cómo es mi relación con los alumnos y sus familias. Y es entonces cuando he descubierto otra de nuestras “misiones” como maestros.

Todos hemos escuchado muchas veces -ya conocemos muy bien la teoría- que el maestro tiene que descubrir lo mejor de sus alumnos, que tiene que ser capaz de potenciar aquel aspecto en el que el niño destaca, motivarle a ampliar sus conocimientos y animarle a no rendirse nunca. Eso suena fantástico pero no es tarea fácil y cada vez, por desgracia, nos lo ponen más difícil. Pero no voy a quejarme. No por ahora.

Los maestros nos desvivimos por nuestros alumnos. Dedicamos muchísimo tiempo a planificar, organizar y preparar nuestras clases. Terminamos nuestro trabajo en el colegio y a los cinco minutos, comienza nuestro trabajo fuera de él: buscamos libros y cuentos en bibliotecas, nos sentamos horas y horas frente al ordenador buscando ideas, recursos y materiales, canciones y vídeos, dibujamos, coloreamos, recortamos e imprimimos carteles, etiquetas, póster y adornos que decoran nuestras clases. Además llamamos y enviamos correos electrónicos a los compañeros que hace un rato habíamos visto en el colegio. También respondemos a las familias que se han puesto en contacto con nosotros y en nuestra colapsada agenda buscamos en qué momento del día siguiente podremos charlar con nuestro coordinador o director para comentarle una idea fantástica que nos ha surgido para dentro de un par de meses.

Nos dijeron en la conferencia que hay que motivarse  a cambiar cuando las cosas que nos rodean no nos gustan, que lo fácil es criticar y quedarse de brazos cruzados mientras que lo difícil es animarse y comenzar una tarea, a veces solos, sin saber qué frutos dará.

Me gusta mucho mi trabajo y disfruto del tiempo que dedico pero a veces, los resultados no son los esperados y tendemos a responsabilizar a los alumnos o al sistema educativo de los pequeños o grandes fallos que obtenemos. Puede ser cierto que el niño no ha estudiado lo suficiente o que el sistema de evaluación y el número excesivo de contenidos no tienen relación alguna. No es excusa. Si no está funcionando está pidiendo a gritos un cambio. Y el cambio puedes tenerlo tú. 

Hazte esta pregunta y busca la respuesta. Observa a tus alumnos detalladamente y encuentra la solución. Estoy segura de que, por muchas leyes de educación que nos persigan, cambien e inventen, el veredicto final lo tienes tú.

“¿Qué hay dentro de ti que hace que no salga el talento de tus alumnos?”

Jorge Ruíz, cantante del grupo musical Maldita Nerea.

 

Carmen Brezmes, maestra de Educación Especial/ maestra de Educación Primaria.

 

 

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