Gracias por tanto,maestras.

A veces, de la forma que menos te lo esperas, va la vida y te sorprende poniendo delante de ti a una persona increíble, admirable y vital con quien compartes alegría y entusiasmo por la educación, los niños y los futuros maestros

No me siento sola en esta bonita tarea de educar. Tengo muchos compañeros que disfrutan del colegio, de las familias y de los niños tanto como yo. No digo que sea fácil porque a veces los problemas, los días grises y las diferentes opiniones o puntos de vista complican un poco nuestro trabajo, pero en el fondo, cuando los niños son nuestra prioridad somos capaces de dejar de lado nuestras diferencias y avanzar. Compartimos ideas, actividades y estrategias que hacen que la educación cambie, mejore y beneficie a la sociedad pero queda mucho por hacer, no vale conformarse ni rendirse. 

Conocí a una maestra excepcional. Pilar fundamental del colegio y un pilar muy importante en mi vida. Me enseñó desde niña, a través de la música, a escuchar, a ser paciente y a disfrutar en el colegio. Me acompañó desde el primer momento en que me convertí en su compañera de ciclo y no me abandonó ni un segundo, siempre dispuesta a ayudarme, a echarme una mano en cualquier situación. Observaba, desde el silencio, mis gestos, mis decisiones y dejaba que me equivocase para aprender de mis errores. Y después, me levantaba, me abrazaba y me animaba a seguir adelante. Y con ella, fui creciendo como maestra y como persona. Aprendiendo que una sonrisa al abrir la puerta de clase crea sonrisas, que una canción borra los problemas que muchos de nuestros niños traen de casa, que un “buenos días” hace que los días sean mejores y que sentarse a dialogar, sin gritar y con mucha paciencia,soluciona los problemas.

Me enseñó a ser paciente y comprensiva con mis compañeros, a dar lo mejor de mí sin esperar nada a cambio. Respetó mis decisiones y me animó cuando me equivocaba. Me corrigió siempre que lo consideraba necesario, con buenas palabras, con un tono dulce, cercano y muy cariñoso. Me enseñó a volar y, años después, ella voló.

También te conocí a ti. De una manera alocada, lúdica y cómo no, educativa. Me sentí especial al saber que en tus clases utilizabas los vídeos donde los niños de mi clase eran los protagonistas. Y la persona especial no era yo, sino tú. Descubrí a través de tu entusiasmo, tu energía y tu optimismo que nuestro trabajo es precioso, agotador y muy valioso. Me hiciste ver que nuestra vocación no tiene edad ni límites, que se necesita gente como tú para que los futuros maestros entiendan qué es ser maestro. Revolucionaste un poco más mi cabeza loca de ideas y creamos juntas un proyecto que un día, estoy segura, pondremos en práctica. Gracias por darme la oportunidad de conocerte y aprender de ti. Gracias por tu revolución educativa.

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Decir GRACIAS es un regalo que está al alcance de todos. Es sencillo, bonito y algo único. Los niños no pueden olvidar esta palabra, ellos no. Demos ejemplo, seamos muy agradecidos con ellos. Porque sus palabras, sus gestos, sus pequeños detalles son un regalo que todo adulto debemos agradecer.

Carmen Brezmes. Maestra de Educación Especial/ Maestra de Educación Primaria

 

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