El juego del fracaso escolar

No es culpa mía que su hijo, al salir del colegio tenga hora y media de baloncesto, natación o fútbol. Clases de dibujo, pintura o teatro. Tampoco soy responsable de que vaya al conservatorio o esté aprendiendo a tocar el violín, la batería o la guitarra. Y mucho menos, que vaya tres horas a la semana a aprender inglés, chino o alemán.

Soy responsable de que su hijo esté bien atendido y comprenda e interiorice lo que aprende en el colegio. Y lo hago lo mejor que puedo, con mucho esfuerzo, trabajo, vocación y mucha, muchísima ilusión.

Pero, ¿sabe qué?. Su hijo tiene la obligación y responsabilidad de estudiar y usted como padre, madre o tutor legal debe ayudarlo y motivarlo tanto como yo.

Los buenos resultados (y no me refiero a los notables y sobresalientes, sino a lo máximo que pueda alcanzar cada uno) se consiguen con esfuerzo y constancia. Los niños tienen ante ellos millones de oportunidades y los adultos, con debates absurdos y cuestionando el trabajo de los maestros les estamos cerrando más de la mitad.

Inconsciente y conscientemente los niños están recibiendo un mensaje erróneo de lo que es vivir. Y sí, es culpa nuestra. Soy una defensora acérrima de que los niños tienen que hacer cosas de niños como jugar, reír, bailar, disfrutar y trastear pero también, en su justa medida y acorde con su edad deben saber cuáles son sus obligaciones y responsabilidades. Preparar la mochila para el colegio, recoger sus juguetes, cuidar sus libros y estudiar (si están en edad de estudiar) es responsabilidad suya, y nosotros como adultos debemos acompañar en ese proceso. Y sin embargo, nos permitimos el lujo de no dejarles hacer.

Tristemente ya hemos entrado en el juego del fracaso escolar donde la culpa no es de nadie y es de todos. Porque, sepan ustedes, que fracaso escolar no es estar por debajo en idiomas, no es no ocupar los primeros puestos en resultados académicos ni ser los niños con más deberes de Europa. Fracaso escolar es caminar en direcciones contrarias, es enseñar a los niños que sin esfuerzo, tiempo y dedicación se consiguen las cosas. Fracaso escolar es que muchos de los niños que vienen a la escuela no viven como niños sino como adultos sin valores tan importantes como el respeto, el trabajo y la educación.

Salgamos de este juego absurdo y empecemos a valorar de una vez la educación de nuestros niños. No se merecen crecer en la ignorancia de que todo vale.

Carmen Brezmes, maestra de Educación Especial / Maestra de Educación Primaria

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