Clases complicadas en tiempos difíciles

Hace días leí un artículo sobre cómo gestionar lo que el autor denominaba “clase conflictiva”. Bien es cierto, que a pesar de la connotación negativa que tiene el título, él lo presentaba como una oportunidad, un reto nuevo al que enfrentarnos como maestros. Sin embargo, es precisamente ahí donde empezaron a surgirme todas las dudas.

Si tomamos como punto de partida la definición de conflicto según la RAE, un conflicto es un combate, una lucha, una pelea. Por tanto, una clase conflictiva es un aula dónde surge un conflicto. Siguiendo con estos términos y escuchando a más de un profesor, podría decirse entonces, refiriéndonos a educación, que existen ciertas aulas en muchos centros educativos donde la lucha y la pelea están presentes en el día a día. Y dicho así, ¡pobres maestros!

A los defensores de esta teoría siento decirles que no soy partidaria de presentar así nuestro bonito trabajo y me niego a mostrar mi aula como un lugar oscuro y frío donde surgen conflictos. Tengo que reconocer que la convivencia genera discusiones, debates y problemas pero ni peleas ni combates. Yo lo llamaría “clases complicadas, en tiempos difíciles”.

Complicado/a: enmarañado, de difícil comprensión + compuesto de múltiples piezas + [Persona] cuyo carácter y conducta no son fáciles de entender.

Complicar: hacer difícil o más difícil una cosa + mezclar, unir cosas diversas + comprometer, hacer partícipe a alguien en un asunto.

No existe una clase perfecta, ¡menos mal! Ni tampoco niños ni maestros perfectos. Existen grupos heterogéneos donde la diversidad y la variedad hacen enriquecedora la experiencia de convivir, vivir y crecer durante diez meses, a veces incluso años con un grupo de niños y maestros. Cada uno de los miembros, tiene cualidades que benefician a todos los componentes de la clase pero también tiene defectos que afectan al ritmo de enseñaza-aprendizaje e incluso a la convivencia.

En mi breve experiencia como maestra (tan solo llevo siete cursos) he podido aprender y disfrutar de siete clases completamente diferentes en las cuales se han dado situaciones complicadas que han necesitado tiempo, paciencia y muchos minutos de conversación.

Cuando nos encontramos en un aula es inevitable tener experiencias que ponen nuestros nervios a flor de piel pero es muy importante saber enfrentarnos y encontrar una solución real. Son muchas las pautas que encontramos en Internet y en muchos manuales. Son prácticas y la mayoría de las veces son útiles pero en otras ocasiones no. Entonces, ¿qué tenemos que hacer?

Quizás, después de leer este pequeño artículo, la figura del maestro tenga para ti un papel más importante. Una de nuestras infinitas funciones es la de observar y actuar cuando empiezan a complicarse las relaciones en el aula. Los maestros tenemos la suerte de poder intervenir siempre que consideremos necesario y son tantas las estrategias que tenemos a nuestro alcance que llegar al origen del problema puede ser un camino largo, pero sabemos que podemos llegar. Existen variedad infinita de situaciones complicadas, desde unas llamadas de atención hasta un trastorno diagnosticado. Pero no nos importan las etiquetas, nos importan las personas. Es por ello, que las pautas y consejos son siempre bienvenidas pero no somos iguales y lo que funciona en un niño o en un aula no tiene porqué funcionar en otro niño y en otro aula. Hay consejos/pautas que nunca debemos dejar de lado pero tampoco debemos evitar pedir ayuda si nos encontramos frente a una situación desconocida para nosotros e innovar, ser creativos para dar con la estrategia más adecuada. Además, no podemos olvidar que las relaciones entre iguales, bien utilizadas, son el complemento perfecto para crear un buen clima en la clase. A veces se nos olvida que los niños juegan un papel muy importante en el desarrollo del curso y en la solución de los conflictos. Ellos son quienes trabajan juntos, juegan juntos, encuentran soluciones  y también por qué no, consiguen transformar lo negativo en positivo, es decir, dar la vuelta a la situación y ver el lado bueno de las cosas.

No pretendo enumerar una lista de consejos para utilizar en una clase complicada (mantengo mi teoría de que cada clase es un mundo distinto) pero sí voy a animaros a enfrentaros a estos tiempos difíciles en los que nos encontramos los maestros.

Actualmente, por desconocimiento, muchas personas no valoran el trabajo que  realiza un profesor dentro y fuera del aula. No consiste en abrir un libro, sentarnos en una silla, leer, corregir y evaluar (aunque, como en todas partes, habrá maestros que si lo hagan, ¡pobres, no saben lo que se pierden!). Tenemos la suerte de trabajar con personas, personitas en muchas ocasiones. Nuestra misión es la más bonita de todas: educar, enseñar, aprender y crecer juntos.  Y aunque la sociedad muestre todo lo contrario, el maestro es una de las figuras más importantes que existen a día de hoy. Así, siendo un modelo para niños y familias debemos evitar hacer comentarios destructivos de nuestra clase, de nuestros alumnos. Reconozco, que más de una vez se me ha escapado “¡ay, la clase que te espera el curso que viene!” o “¡menudo grupito, qué guerra dan!”, aunque debo dar la razón a mi madre quien, en junio cuando me ve triste y emocionada, me recuerda lo maravillosos que han sido y lo que he aprendido de ellos y con ellos. Propongo, entonces, destacar lo positivo de cada niño y de cada grupo con las familias y con los compañeros porque, no nos engañemos, siempre nos regalan cosas bonitas y especiales. Sin embargo, no solo somos los propios maestros quienes a veces, tiramos piedras sobre nuestro propio tejado. Las familias también jugáis un papel muy importante. No soy madre (ni padre) y desconozco la sensación de ver que tu hijo está en un aula complicada. Imagino que desearás que las cosas cambien y que darás tiempo al profesor y al centro para que poco a poco se vayan viendo cambios positivos. Supongo que será muy difícil y que en ocasiones perderás la paciencia pero, por favor,  párate un segundo y piensa: tu hijo va al colegio que has considerado mejor para él, tiene un maestro que se preocupa de todos los niños de la clase, tiene compañeros con quienes les gusta jugar y divertirse. Tu hijo lo tiene todo para disfrutar del colegio. Va a haber problemas, situaciones complicadas pero su maestro tiene el don de transformarlas. Ayúdanos, dinos lo que piensas, lo que consideres que está mal pero siempre con un mensaje de ánimo y apoyo y ofreciendo tu ayuda. A los maestros nos gusta contar con las familias, haceros partícipes de la educación de vuestros hijos porque sois su modelo a seguir. Agradecemos las críticas buenas y malas (con educación, por favor, será más fácil) porque nos ayudan a crecer y a cambiar lo que está mal, porque somos personas y también nos equivocamos.  

Existen clases complicadas en tiempos difíciles pero en esas mismas aulas existen niños geniales con capacidades increíbles. Y como decía Gloria Fuertes en uno de sus poemas, “con todo se puede hacer algo, hasta con un cero”.

Carmen Brezmes, maestra de Educación Especial / maestra de Educación Primaria.  

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