Acuarelas, plastilina, rotuladores, flores, sol.

Llevaba mucho tiempo hablando con varios compañeros, todos maestros, sobre la importancia  de los no/sí deberes. No me sorprendía al escuchar todo tipo de argumentos, a favor o en contra ya que desde hace años es un tema que se trata en numerosos claustros de numerosos colegios.

Sin embargo, el momento decisivo que me hizo plantear el porqué de las infinitas tareas que los niños se llevan a casa, fue hace unos días, cuando tuve la suerte de compartir una interesante y bonita conversación con una madre de  una niña de 9 años. A esta pequeña charla, puedo añadir las numerosas tutorías en las que los padres, comentan preocupados e incluso a veces molestos, que sus hijos apenas disfrutan de tiempo libre cuando salen del colegio por “culpa” de los deberes.

Reflexionando, he llegado a la conclusión de que si tuviera que describir mi infancia con varias palabras JUGAR, LEER, PLASTILINA, REÍR, BAILAR y FELIZ serían las protagonistas. Recuerdo que me encantaba ir al colegio y que las clases no eran aburridas. Teníamos tiempo para todo y lo poquito que llevábamos a casa servía para autoevaluarnos y darnos cuenta de lo que éramos capaces de hacer. Es cierto, que las leyes eran otras y el sistema educativo era diferente, pero también había academias, entrenamientos, clases particulares y aún nos quedaba tiempo para merendar en la plaza del colegio e ir a jugar  al parque.

¿En qué momento, entonces, nos permitimos el lujo de privar de esas tardes de recreo a nuestros niños?

Pensando y dando vueltas a todo lo que nos rodea actualmente sólo soy capaz de encontrar pequeñas ventajas frente a los numerosos inconvenientes que me ofrecen los deberes tal y como los entendemos a día de hoy. Comparto la teoría de que son un complemento que ayuda a repasar lo que se ha explicado en clase, o que le sirve al alumno para comprobar si ha entendido la materia explicada pero… ¿son motivos suficientes?

Los deberes, tal y como los presentamos en estos momentos, generan estrés en alumnos, profesores y padres. Sí, estrés en los niños porque tienen que hacerlos todos (¡que no esté ninguno sin hacer!), estrés en los maestros porque tienen que corregirlos todos en un tiempo determinado para poder explicar la teoría de las páginas siguientes, poner ejercicios que sirvan como ejemplos y mandar los deberes del día siguiente, y por último, estrés en los padres, quienes tienen que dedicar un “ratito” de su pequeña tarde a no perder la paciencia mientras sus hijos se distraen, se desconcentran o vaguean porque están cansados de un largo día en el colegio. Además, el nivel de frustración aumenta. Inconscientemente, el mensaje que se trasmite  “Tengo que llevar todo hecho, todo estudiado y aprobar con buena nota” cala en nuestros niños desde muy temprana edad, y tras su pequeño gran esfuerzo, llegan las reprimendas del profesor y /o padres porque las notas no han sido buenas o porque sabemos que los resultados están por debajo de sus posibilidades. Y yo me pregunto, ¿pero cómo va a rendir un niño de 9 años a las 20:00h si lleva despierto y sin parar desde las 7:00?

Junto al estrés y la frustración vienen de la mano la falta de organización y la gran cantidad de responsabilidades que asumen nuestros pequeños, porque, no se nos puede olvidar que durante la etapa de primaria educamos a niños, no a adultos, y que por tanto, debemos tratarles como tal. Desde los 6 años, si no es antes,  les pedimos que tengan un horario en su habitación para que puedan preparar ellos solos las clases y materiales del día siguiente, pero también queremos que tengan otro horario para organizar las tardes y poder hacer todos los deberes y además, estudiar. Sin darnos cuenta, rápidamente, los niños asumen una serie de responsabilidades que se les escapan de las manos, y lo poquito que podían hacer bien, lo terminan haciendo mal y rápido porque están agotados y tienen ganas de jugar, ¡claro, son niños!

Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo solucionar este problema que nos afecta a todos, niños, maestros y familias?

Para comprobar que sin deberes también se aprende y se asumen responsabilidades sin ser impuestas, con ayuda de amigos y compañeros, directa e indirectamente he ido recopilando muchísima información, y pequeños trucos que pueden ayudarnos a cambiar esta metodología. Es evidente que no podemos cambiar un sistema educativo que está patas arriba y que no sabemos qué será de él, pero lo más importante es que este sistema educativo tampoco puede cambiarnos a nosotros, y por tanto, está en nuestras manos, encontrar el camino correcto para avanzar aunque haya factores que nos lo pongan difícil.

Desde el punto de vista de maestra de primaria, considero necesario replantearnos la organización de las clases que impartimos. Creo que este cambio depende, en gran parte, de los profesores. Por ello defiendo  que el primer paso debemos darlo nosotros desde la escuela. Para logar ser eficaces en nuestras clases y conseguir eliminar los deberes en casa, en cualquier asignatura, tenemos que educar a los alumnos en técnicas de estudio. Adaptadas a su edad, bien adquiridas, desde muy pequeños, otorgarán a los niños trucos, estrategias y recursos que les facilitarán el aprendizaje de cualquier tipo de materia. Es bueno e imprescindible concienciar a nuestros alumnos de la importancia de ir adquiriendo poco a poco los contenidos de una asignatura, les guste o no, para que el tiempo empleado al estudio y a los ejercicios sea eficaz y proporcional a las necesidades de cada uno de ellos.  También, tenemos que reestructurar la distribución del tiempo en el aula. Como maestros debemos  organizar nuestras clases para que nos dé tiempo a llevar a cabo todo lo que consideramos necesario, incluyendo en este período  tiempo para ejercicios, explicar dudas, explicar teoría, realizar actividades dinámicas y activas… con el objetivo final de que al sonar el timbre, nuestros niños sepan qué han aprendido y sean capaces de repasar en casa, dedicando pocos minutos, lo que se ha trabajado en clase. Está demostrado que unas buenas clases son mejores que una gran cantidad de deberes. Y por último, destacar que las familias también forman parte de este nuevo proyecto. La coordinación familia-profesor es un aspecto muy importante. Desde el colegio damos pautas y consejos que consideramos buenos y apropiados para cada uno de nuestros alumnos pero es necesario, ponerlos en común con los padres, compartirlos, seleccionarlos, escuchar nuevas propuestas  y trabajar todos juntos en una misma dirección: dando libertad y un voto de confianza a los niños en la organización de su tiempo libre mientras vigilamos y cuidamos que se cumplan los objetivos propuestos.

Dejemos que nuestros niños disfruten en la escuela. Dejemos que sus tardes de recreo estén llenas de acuarelas, plastilina, rotuladores, balones, flores y sol. Es tiempo de jugar,aprender, y jugar.

Carmen Brezmes, maestra de Educación Especial / maestra de Educación Primaria. IMG_20160313_211211

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